«Disfrutar de la naturaleza es una afición adictiva: ella es el lienzo que exhibe la OBRA más perfecta jamás soñada, y también se trata de la más SABIA instructora que encauza nuestro aprendizaje…»

… nos enseña lo que está escrito, lo que aún no lo está y también lo que jamás podrá ser transmitido con palabras o ha de ser obviado dentro de los límites descriptivos que admite el papel.

Mi nombre es Melisa, y soy coautora de este blog, donde apoyo y contribuyo con lo que considero son ínfimas aportaciones dentro de la inmensidad de las impecables labores de gestión, investigación, escritura, publicación, actualización… que hace su autor principal y responsable, Néstor.

Como ya puede sugerir el ENORME párrafo que titula esta entrada (me disculpo, pues reconozco que uno de los defectos «innatos» que «parasitan» mi existencia humana es el de que me resulta literalmente IMPOSIBLE resumir en una frase escueta y precisa algo que me defina), soy sumamente «ADICTA» a todo lo que tenga que ver con la NATURALEZA; a saber: leer, observar, estudiar y «bucear» sin tregua entre las «entrañas» de sus interesantes, bellos y curiosos haberes y devenires, de sus detalles y particularidades; investigar-descifrar sus entresijos y misterios; enfundarme en mis desgastadas pero amortizadísimas botas para caminar por entornos conservados, repletos de esa vida potencialmente asociada al bioma visitado; respirar tanto la paz como el oxígeno impoluto de cualquier paraíso no alterado por la inconsciente mano del ser humano, con el revitalizante fluir del aire y la dulce melodía de las aves que, cual únicos y perfectos acompañantes de los pasos de mi casi «ermitaña» figura, a menudo se afanan en la amable hospitalidad de deleitar mis sentidos – acariciar y reparar mi alma; fotografiar esas apasionantes maravillas naturales con las que somos bendecidos en nuestro planeta y que tengo la fortuna de irme encontrando; luchar y desvivirme por la preservación y cuidado de todos los elementos integrantes de esa natura perfecta; batallar por el justo y necesario respeto que se «edifica» sobre la «simiente» del amor que merece y que yo no me resisto a otorgarle al resto de seres vivos con los que las personas compartimos nuestro hogar en este espectacular astro donde se desarrollan nuestros días; o escribir sobre todo esto, tanto por pasión por la temática como por el sentimiento de necesidad impelida de compartir mis conocimientos, entre otras motivaciones, para concienciar sobre la imprescindible urgencia de preservar nuestro entorno; es decir, de preservar el hábitat que nos ha acogido desde los orígenes de nuestra presencia homínida, el cual, con demasiada frecuencia, olvidamos que nos mantiene vivos, y cuya importancia suele ser menospreciada por insensatez humana, pese a que no cabe duda que de su integridad depende completamente nuestra lozana existencia…

«La riqueza que alcanzo viene de la naturaleza, la fuente de mi inspiración«

Claude Monet

En fin, que ya estoy yo «paseándome divinamente por los cerros de Úbeda»… A todo esto, pues, he aceptado el reto de embarcarme (o mejor dicho, sumergirme de lleno) en este proyecto de cooperar en un blog que, perfectamente, puede definir lo que siempre he deseado encontrar en otras páginas de consulta. ¿El motivo? Bueno, pues, sencillamente, por esa razón de que me fascina la naturaleza, y esto es, en toda la extensión que puede abarcar como concepto y presentada en cualquiera de las diferentes y amplias formas que se dan inherentes a su condición no alterada. Me encanta fotografiarla y escudriñarla a un nivel que, quizás vaya rozando lo insólito, pero que se define por un entusiasmo tan real y desmedido como el que ya se vislumbra a partir de las líneas con las que he firmado mi entrada a este post de presentación; me atañe profundamente poder desengranarla, acabar con las obviedades transmitidas, e ir más allá, innovar con nuevos hallazgos de los siempre sorprendentes mecanismos ecosistémicos en entornos naturales y biomas, y, además (ya lo he manifestado y ahí va la «guindilla»): aprender, reaprender, y enseñar lo poco o mucho que sé para concienciar en el fundamental respeto y protección del medio ambiente. En este sentido, creo que el proyecto de esta página cumple con mis intereses e inquietudes al respecto, y, puesto que una imagen vale más que mil palabras (eso intentan aclararme por estos «cerros de Úbeda» en los que paseo con alborozo y donde, confieso, me siento cómoda), tengo la fortuna de colaborar con Néstor en este maravilloso blog aportando diversas FOTOGRAFÍAS de tantos de esos bellos paraísos que mis inquietas piernas han podido recorrer, dentro de nuestra queridísima «Madre Tierra» (y yo, que soy canaria de pura cepa, bien aprovecho las bonanzas que me brindan mis preciosas islas afortunadas para tener buena provisión de material); aunque también participo con algunas ideas, o algún que otro post, que me encantará publicar.

¿Y qué puedo decir ya más adentrado el terreno de las competencias y APTITUDES que me avalan? Bueno, pues ya desde muy temprana edad descubrí que, conforme a mis anhelos en la vida, me atraían más las ciencias que las letras. De entre las opciones disponibles, me interesé por el camino de la Agronomía, la ciencia de los alimentos: ser partícipe y controlar todo el proceso de producción vegetal y animal, me animaba a vislumbrar un futuro en el que mi dedicación sería imprescindible, ya que estaría contribuyendo a aportar mi granito de arena en la vital labor de nutrir a la población. Por eso, me gradué en la titulación universitaria superior de «Ingeniero agrónomo» y complementé mi formación con distintos cursos.

A partir de aquí, mis esfuerzos se han consolidado en el ferviente ímpetu de disolver los conflictos existentes, y aparentemente difíciles de solventar, entre dos intereses: agricultura y naturaleza. Esto es, soy consciente de que mantenemos en balanza a la necesidad de seguir amparando la producción agrícola y permanencia de agrosistemas para sustentar a la población mundial, frente al requisito indispensable de salvaguardar el medio ambiente, porque de su óptimo estado también depende nuestra salud, más aún, nuestra continuidad como especie. De este modo, he intentado fusionar los conocimientos que he adquirido durante mi formación académico-profesional, con el interés autodidacta y la pasión que tengo por aprender y entender la funcionalidad, los mecanismos de actuación, comportamientos, hábitos, tendencia y peculiaridades de nuestro entorno biótico y abiótico (así como su identificación). Todo esto, pues, a efectos de clarificar la dirección adecuada en la lucha por preservar los castigados ecosistemas naturales, al mismo tiempo que me permito así también «consentir» a mis gustos y «sucumbir» a los anhelos de ésta, mi alma, que se fascina, adora, AMA, ADMIRA y VENERA, por encima de cualquier otra cosa, a todo aquello con lo que nuestra sabia y generosa «MADRE TIERRA» nos obsequia para vivir.

» La naturaleza no es un lujo, sino una necesidad del espíritu humano, tan vital como el agua o el buen pan»

Edward Abbey

De manera que defiendo la implementación de técnicas de AGRICULTURA ECOLÓGICA, con métodos de producción lo más sostenibles y concienciados posible con el medio ambiente. He pretendido, pues, especializarme en el diseño, asesoramiento, instauración y uso de herramientas tanto para la identificación como para el control biológico de plagas y enfermedades de cultivo. Esta actividad, siempre vinculada al estudio de los diferentes ciclos biológicos de la naturaleza, a efectos de establecer adecuadas intervenciones ecológicas en el momento preciso respecto al ámbito de control de plagas: análisis de la oportuna posibilidad de coincidencia interaccional entre la fase del ciclo en la que determinada especie es patogénica y su coexistencia con la etapa del ciclo en la que su depredador natural es efectivo. También lleva implicada la abogacía por la instauración de prácticas de manejo integrado, como la rotación y alternancia de cultivos (efectuadas considerando criterios como exigencias de suelo y clima, características morfológicas y fisiológicas, tipos de plagas y enfermedades que afectan a los vegetales utilizados, etc.), asociaciones compatibles de cultivos (cimentadas en base a la familia botánica a la que pertenecen, a la correspondencia entre velocidades de crecimiento, a los problemas sanitarios o fauna auxiliar simbiótica y a las exigencias en nutrientes, respecto a las cuales se ha de considerar la introducción de leguminosas y de abonos verdes para el enriquecimiento del suelo en nitrógeno), empleo de feromonas, placas monocromáticas, plantas reservorio, plantas repelentes, y todo el complejo pero magnífico despliegue de técnicas de las que se dispone para una protección agrícola alejada y completamente desvinculada del tradicional, a la vez que obsoleto, abuso de productos químicos dañinos para el entorno.

«Para vivir intensamente hay que estar conectados con la madre naturaleza y sus frutos«

Juan Armando Corbin

Digámoslo así: todos esos conocimientos de los que hablo, y que, ante todo, son un complejo «cóctel» que lleva como ingrediente esencial el de la defensa «a capa y espada» de la conservación medioambiental, apenas comenzaron a «enraizar» «irrigados»por esa formación que recibí. Me explico: esto es debido a que, conforme se ha demostrado la toxicidad de productos químicos pesticidas, tanto para los ecosistemas albergantes (los cuales podrían incluso favorecer el buen desarrollo de los cultivos) como para la salud humana, la Ingeniería Agronómica se ha ido orientando cada vez más a la necesidad de llevar a cabo una actividad concienciada, con estudiadas técnicas de control de patógenos de tipo biológico. El procedimiento para tal fin es, pues, emplear herramientas y mecanismos que ya hay a disposición en el medio natural, y que se supone ha de entender y aprender a utilizar aquel «aventurero» que se atreva a cursar el intrincado camino de la titulación.

Sin embargo, he de confesar que la «emergencia», «ramificación» y «fructificación» ha venido más de la mano de mis inquietudes, de mi pasión innata por saber y entender el medio natural, y por mi amor hacia el mismo. Y esto no sólo ha emanado del maravilloso mundo, siempre por descubrir, que ofrecen los libros sobre la temática, sino que, sobre todo, he sido bien aleccionada en materia durante el desarrollo de mi insustituible afición de caminar, visitar, analizar y observar en detalle todos los elementos integrantes de los ecosistemas y su entorno circundante. Puedo garantizar que, muchas veces, sólo de esta forma es posible afianzar aprendizajes, y darse cuenta de interesantes hallazgos, peculiaridades, comportamientos y hábitos, entre muchos otros, de los componentes bióticos y abióticos del mundo que nos rodea y que, fácilmente, pasan inadvertidos para aquellos faltos de curiosidad. Por eso, tal y como manifiesto en mi entrada a este post, opino que «la naturaleza es un lienzo que exhibe la OBRA más perfecta jamás soñada y, además, es la más SABIA instructora, puesto que nos enseña lo que está escrito, lo que aún no lo está y también lo que jamás podrá ser transmitido con palabras, o ha de ser obviado dentro de los límites descriptivos que admite el papel».

«Mantén tu amor hacia la naturaleza, porque es la verdadera forma de entender el arte más y más»

Vincent Van Gogh

Para terminar mi extensísima presentación (qué menos que reconocer que mi espíritu, además de estar poseído por un carácter un tanto «budista», también se muestra un pelín «gongorizado») les invito a visitar y disfrutar de los contenidos del blog, y comparto unos preciosos fragmentos de cierre, del muy recomendable libro titulado como «Azul«, del autor Rubén Darío; una bellísima publicación escrita por todo un maestro admirable de la prosa y la poesía, formas éstas de arte que también son pasiones que están implementadas en mi enrevesada vida:

«(…) he arrojado el manto que me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado vigoroso y ahíto de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad, como un ángel soberbio, o como un dios semiolímpico, he ensayado el yambo dando al olvido el madrigal. He acariciado a la gran naturaleza, y he buscado, al calor del ideal, el verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la perla en lo profundo del océano (…) ¡Señor, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los cuadros laminados ni en el excelente señor Ohnet!, ¡ Señor!, el arte no viste de pantalones ni habla burgués, ni pone puntos en todas las íes. Él es augusto, tiene mantos de oro, o de llamas, o anda desnudo, y amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes de ala como las águilas, o zarpazos como los leones. Señor, entre un Apolo y un ganso, preferido el Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida y el otro de marfil. (…)«

Hasta la próxima, sean buenos y … ¡no olviden cuidar y respetar la naturaleza!

Ana Melisa Díaz Sánchez.

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